La apuesta


« ¿Quién me mandó a meterme en este lío? ¡Será de Dios! Todo por querer quedar bien con esos tipos. ¿Quiénes se creen que son? ¿A quién le ganaron? Bueno, basta de boludeces, concentración, lo que ya está, ya está. ¿Cómo puedo hacer ahora para que me dejen en paz? Una sería decir toda la verdad, pero las consecuencias no me gustan para nada. Primero, sería entonces totalmente inútil la intervención que intenté realizar. Segundo, me tomarían por mentiroso y eso a lo mejor es peor. No, seguro que lo de ‘dormir con los peces’ es un mito, pero igual me hiela la sangre.


» Y yo que vine para pasarla bien, sin problemas, después de deshacerme de esa década de mierda. Minga de década ganada. Quince mil dólares, quince mil, eso era todo lo que tenía cuando llegué a esta ciudad. ¿Cómo pude pensar que aquello de “lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas”?

» Llegué a los treinta mil, mi meta, en dos noches, apostando solamente rojo o negro. La noche de la pelea no tenía que hacer más que depositar la bendita apuesta y esperar que el 12 a 1 hiciera el resto. Pero no. ¿Quién me mandó a meterme en este lío?

» Ella estaba hermosa, sensual, sola y deprimida. Calculé que ya habría perdido esa noche más diez mil. El instinto me hizo saltar del taburete hacia donde estaba ella justo cuando vi que los dos gorilas vestidos de traje se les acercaba.

» Ni pensé para decir “tranquilos, muchachos, les resuelvo esto en un ratito y para mejor si es que me aseguran que condonan la deuda de la señorita: La pelea de hoy está arreglada. El criollo lo deja nocaut al nigga en el segundo asalto. Paga 12 a 1. Estoy en el staff del argentino. Si revisan el registro del hotel, hasta tengo el mismo apellido”.

» La rubia me miró que se le caía la baba, estaba hecho. Los tipos me dijeron que la iban a mantener con ellos hasta que terminara la pelea, que la podíamos ver juntos. ¡No tenía el mínimo sentido!

» ¿Pero por qué no deposité yo mi propia apuesta? No lo entiendo todavía, esa diarrea compulsiva me hizo quedar en el baño un rato largo. Lo recuerdo y quiero volver a ir, carajo. Ya está, no fui y la embarré completa. ¿Cómo puedo hacer ahora para que me dejen en paz? No puedo decirles que todo esto fue en realidad un sueño que tuve antes de salir de allá para acá. Que se dio con tantos detalles, que lo vi tan claro en el sueño. Hasta el 12 a 1 en el segundo round ví. Y al controlar en internet que los ratios de apuestas eran así de exactos, me dije que eso fue simplemente una premonición y tenía que aprovecharla. ¿Cómo pude llegar a pensar que ese sueño pelotudo y avaricioso se iba a hacer realidad? »

Y mientras nuestro héroe compraba el ticket de vuelta en el Aeropuerto Internacional McCarran, exactamente 20 minutos después de la victoria del norteamericano en el primer asalto, los “gorilas de traje” empezaban a ajusticiar a una rubia que no hacía más que pedir clemencia.

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