Caminos Sinuosos
Es increíble la cantidad de cosas
que pueden pasar por el cerebro en un momento de tedio, como viajando en
colectivo sin apuro o en medio de una clase magistral de Derecho Marítimo
sentado en la fila cinco.
¿Alguien se puso a contar alguna
vez la cantidad de barbaridades y niñerías que se apoderan de la mente por un
instante, llevándonos al siguiente eslabón del “razonamiento” a la deriva?
Porque desde los detalles que nos
da la legislación con respecto a la construcción de barcazas, saltamos
rápidamente a recordar nuestro último paseo por la costanera, el frío que hacía
y lo húmedo del ambiente. El cielo, muy azul, nos evoca el recuerdo del día del
primer beso en ese invierno tantos años atrás. ¿Qué habrá sido de ella ahora?
Es que ni en el Facebook aparece, y
eso que ya contacté con todos los compañeros y amigos de la primaria. Hasta a
la maestra de segundo grado encontré, la que me mandó a suspender un día por
tirarle una piedra a mi primo, que me molestaba en el recreo cada vez que podía.
Pasé por su casa esta mañana y lo
vi más gordo que de costumbre, seguro que nada para preocuparse, y cada vez más
metido en su banda punk Pánico insistente.
Confirmaron un recital en el polideportivo del club y anda vendándose y desvendándose
los dedos de la mano derecha.
Que por cierto, últimamente a mí
me duele mucho, creo que estas clases de Derecho Marítimo me están haciendo escribir
demasiado, yo tan acostumbrado a solamente leer y hacer cálculos. Por cierto,
Raúl tiene mi calculadora, me la pidió prestada para el examen de Estadística y
no me la devolvió todavía. Bueno, yo no se la fui a pedir tampoco. Es que me da
algo de vergüenza encararlo porque el otro día me encontró, en su casa,
mirándole como un baboso el culo a su hermanita que acaba de cumplir diecisiete
años.
Uff, diecisiete años, parece tan
lejano… algo así como cuando tenés diez y sentís que tenías ocho hace un siglo,
un poco más o menos. Cada día parece larguísimo y ni hablar de los años. Cada
navidad parece llegar como un momento único e irrepetible a esa edad, y nos
pasamos añorando que pasen los meses hasta llegar a diciembre.
La obsesión que tenemos con los
diciembres es increíble, y eso que es una simple convención social. De niños
por la navidad, ahora por los finales y me cuentan que más adelante será por el
aguinaldo.
Qué ganas de terminar esta
carrera para poder, por fin, salir al mundo, empezar a trabajar, obsesionarme
con el aguinaldo y darme todos los lujos que no puedo tener desde mi cuarto de
estudiante. Sí señor, mi promedio no viene demasiado bien pero es cuestión
interna, nada más. Voy a comprometerme a mí mismo el prestar mucha atención en
clase, farrear lo menos posible y, si es necesario, quemarme las pestañas para
no volver a dejar asignaturas pendientes desde este semestre en adelante.
Finalmente mi responsabilidad es
solo ésa, aprender lo que la carrera me debe enseñar para desenvolverme con
soltura y éxito luego. Sólo puedo ganar. Y la recompensa es tremenda.
¡Riiiiiiing!
¡Vamos! ¡Las cinco! ¿Cómo que
mañana hay prueba de Derecho Marítimo sobre lo que vimos hoy? ¿Y vale el quince por ciento de la
nota final??
Y… Es increíble la cantidad de
cosas que pueden pasar por el cerebro en un momento de tedio.
Foto: Carretera Transfăgărășan, Rumania

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