Amargos
—Amargos,
lleno de amargos.
—Eh, loco, ¿qué te pasa? ¿De nuevo puteando a la computadora?
—Eh, loco, ¿qué te pasa? ¿De nuevo puteando a la computadora?
—La idiotez
del mundo, viejo, la idiotez del mundo.
—Uff… ¿La
idiotez del mundo? ¿Qué te pasó ahora?
—Y, nada, ya
no se puede disfrutar de internet. Vayas donde vayas hay gente pelotuda posando
para selfies.
—Bajá un
cambio, ¡no te podés estar estresando por eso!
—Y no, no es
solo eso, en realidad me calienta un poco todo este tema de las redes sociales.
Porque se meten en todo. Yo no tengo Facebook,
por ejemplo, pero en cualquier foro puedo ver la cara de pelotuda de la gente
que comenta usando su cuenta.
—Bueno, pensá
que por lo menos no trollean como
anónimos o guest.
—¿Cómo que no?
¿Cómo que no? ¿Y los perfiles falsos? ¿Los perfiles falsos, qué? Igual, ahora
mismo estoy mirando el Twitter. Me lo
recomendó el otro día Paco, me dijo que es una fuente de información a tener en
cuenta, que lo de la muerte de Michael Jackson, por ejemplo, se supo primero
ahí que en cualquier lado ese día.
—¿Y qué es lo
que te tiene mal de ahí?
—¡Qué son
todos amargos! No escriben si no es para quejarse o mandarse la parte por algo.
Encima, se nota que la mayoría escribe desde el telefonito.
—Es que vos
sos contra de la tecnología.
—Qué voy a ser
contra yo, no me hagás reír. ¿Quién fue el primero que se asoció al único cibercafé
de la ciudad hace quince años? Yo ¿Quién fue el primero que se compró un
teléfono con internet entre los muchachos? Yo, papá. Y eso recién empezaba a
laburar después de haber estado un año entero en la lona. No me podés decir
eso. Es argumento de esa gente…
—¿Qué gente?
—Gente incoherente.
Igual está el argumento contrario eh. Gente que se hace la lectora con un libro
de Cohelo en la mano y te pregunta “¿Cómo podes leer en el teléfono?”. No solo
no conocen el Kindle, sino que, encima, después te enterás de que ven SERIES
ENTERAS en una tablet. Qué gente
pelotuda.
—Bueno, loco,
está bien. Pero entonces ¿Cuál es el problema con que escriban desde el
telefonito?
—¿No te das cuenta?
Es como si estuviesen mensajeando con ellos mismos, ¿entendés? Se están
texteando a ellos mismos los que escriben ahí, a ver si alguien les contesta.
Es triste. Triste y pelotudo.
—¡Jajaja! ¡Al
final me hacés cagar de risa, che!
—Se escriben
así mismos, por eso están tan amargados. Por eso te digo que son unos amargos.
No sé cómo hacen, pero están matando al más grande invento del siglo XX.
—Faaa, ¡pará
un poco la máquina!
—Es que me
caliento, boludo, me caliento… Son un cáncer. Somos un cáncer, un virus. Lo que unos pocos sacan adelante, el
resto lo hacemos mierda. Mirá, mirá. El portal del diario deportivo. Te ponen
ese cuadrito al costado y seguís leyendo opiniones boludas vertidas desde el
teléfono a través del Twitter sobre
las notas flacas y tendenciosas que publican sobre la selección. Ya te digo:
estamos perdidos.
—Bue, parece
que te sacaste todo de adentro, te noto deprimido. ¿Vamos al bar? ya son las
siete.
—Dejá, me
vuelvo un rato al caralibro, a ver si
en una de esas hay más selfies semiembolas
de compañeras en el grupo de la facultad. Ahora para porno no da.

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